Una masiva movilización de estudiantes, madres y padres sacudió este viernes las puertas del Instituto Murialdo, en la localidad de Villa Bosch, partido de Tres de Febrero. La comunidad educativa se concentró frente al establecimiento para visibilizar una grave situación de acoso, extorsión y vulneración de derechos mediante la creación, edición y venta de fotografías desnudas de alumnas generadas con herramientas de Inteligencia Artificial (IA).
El caso en Villa Bosch se suma a una preocupante ola de episodios similares registrados recientemente en el Conurbano y la Región Metropolitana, como el ocurrido la semana pasada en el Colegio Modelo Lomas de Zamora y los antecedentes denunciados en junio en el Colegio Carlos Pellegrini y el Nacional de Buenos Aires.
Según los testimonios recogidos en el lugar, los hechos afectaron a estudiantes de diversos años —incluso a adolescentes de tan solo segundo año de la secundaria— y no se trataría de episodios aislados, sino de una práctica sistemática que se repetiría desde hace casi tres años sin medidas categóricas por parte del equipo directivo.
De acuerdo con las denuncias de las víctimas y sus familias, los alumnos señalados tomaban fotografías cotidianas que las chicas subían a redes sociales como Instagram o WhatsApp y las procesaban con aplicaciones informáticas para quitarles la ropa digitalmente. Posterior a la edición, el material falsificado circulaba entre otros estudiantes que lo compraban o era utilizado para chantajear a las propias jóvenes exigiendo más fotos bajo amenaza de difusión masiva.
«A nosotras nos hicieron un montón de fotos. Nos las mandaban por WhatsApp este chico y nos decía que si no ayudábamos con él o esas cosas, las iba a publicar y vender», relató una de las menores damnificadas. Por su parte, la madre de otra de las afectadas confirmó la existencia de audios de prueba donde se detalla la mecánica comercial y los compradores involucrados.
El núcleo de la indignación radica en la respuesta institucional. Tanto las alumnas como sus padres criticaron que las autoridades escolares rechazaran analizar las evidencias aportadas y se limitaran a cambiar a los presuntos agresores de división o dar charlas generales con gabinete psicopedagógico.
Convivencia forzada: Las familias remarcaron que las víctimas continúan cruzándose cotidianamente en patios y pasillos con los señalados, generando un clima de amenaza constante e inseguridad que provocó que algunas adolescentes abandonaran el colegio.
Trato de «broma»: Madres que participaron del reclamo cuestionaron que la problemática sea tratada como un mero juego entre adolescentes y exigieron protocolos de sanción efectivos adaptados a la era digital.
Inseguridad en las aulas: «Nos sentimos inseguras porque pasamos por situaciones de hostigamiento y difamación. Se siente una amenaza constante y no es lindo venir a estudiar así», expresó una de las estudiantes durante la protesta, reclamando que se garantice un espacio seguro y la intervención decidida de las autoridades competentes.

