Un patrullero de la Policía Bonaerense que circulaba sin sirena, chocó a otro auto y producto de esto, murió un niño de apenas dos años. Viajaba con su papá. Iban a vender cobre para comer. El hecho ocurrió en el contexto de una persecución.
Los agentes le seguía el rastro a una moto. Iban a gran velocidad. Desafortunadamente terminaron embistiendo al Dodge 1500 donde viajaban el niño y su papá. Sucedió en el cruce de las calles Bustos y Copihue alrededor de las dos de la tarde.
La colisión fue tan fuerte que el niño quedó muy maltrecho. Salió despedido del auto con gran violencia. Le brindaron los primeros auxilios en la calle y luego lo trasladaron a una salita donde el personal sanitario no pudo hacer nada más que constatar su triste deceso. Por su parte, el padre quedó internado en observación.
Luego del impacto se montó un operativo en el lugar. Trabajaron efectivos policiales, bomberos voluntarios y peritos. El objetivo fue devolver la normalidad a la zona y reconstruir la secuencia de lo sucedido. Algunos de los interrogantes a responder son: qué vehículos intervinieron, a qué velocidad circulaban y en qué condiciones se desarrollaba la persecución. Según afirmaron los familiares del niño, las autoridades habrían circulado a más de 100/km por hora por las calles del barrio.
La sirena no es un detalle estético. Es el dispositivo que le avisa al resto del tránsito que viene un móvil en emergencia y que hay que cederle el paso. Si el patrullero circulaba sin ella por calles internas de un barrio, el resto de los conductores no tenía forma de saber que se aproximaba.
Las persecuciones policiales en zona urbana están entre los procedimientos más discutidos de la actividad. El criterio que se repite en la normativa comparada es que el riesgo que genera la persecución no puede ser mayor que el delito que se intenta evitar. En este caso, lo que se perseguía era una moto por un llamado al 911 cuyo motivo todavía no trascendió.
Ninguno de esos puntos estaba confirmado oficialmente al cierre de esta nota.

