Jonatan Tapa lleva más de doce años haciendo música en el centro de Lomas de Zamora. En una entrevista con Lomas Conectado, contó cómo empezó, el vínculo que construyó con los vecinos y por qué sigue eligiendo la peatonal: “Para mí es como una terapia”.
Jonatan Tapa quería juntar plata para ir a un recital de La Renga. Había llegado desde Tres Arroyos, llevaba unos tres meses buscando trabajo y los ahorros empezaban a agotarse. Entonces agarró una guitarra eléctrica, un amplificador y salió a cantar. Lo que comenzó como una manera de conseguir el dinero para una entrada terminó convirtiéndose en su trabajo y en una presencia conocida para quienes recorren la peatonal Laprida.
Más de doce años después, sigue eligiendo ese lugar. Entre los comercios, las compras y los vecinos que pasan, su música forma parte de la vida cotidiana del centro de Lomas de Zamora.
En una charla con «Estamos Conectados» el programa producido por Lomas Conectado en el canal lomense «MODO TV«, el cantante repasó sus comienzos y habló de esa relación que fue construyendo con la ciudad, canción tras canción.
Jonatan nació en Tres Arroyos y se mudó a los veinte años. Según contó, llegó buscando empleo en el oficio que ya conocía: la instalación de sistemas de control de presión de neumáticos para camiones. Pero las oportunidades no aparecían.
En medio de esa búsqueda, se acercaba un recital de La Renga y él no quería perdérselo. La música, que lo acompañaba desde chico, se convirtió en una posibilidad.
Para aquella primera presentación contó con la ayuda de unos comerciantes que le facilitaron electricidad para conectar sus equipos. Durante la entrevista recordó especialmente a Mauri y Miriam, con quienes mantiene el vínculo desde esos primeros días.
“El primer día me fue espectacular y me gustó”, recordó. El repertorio estuvo dedicado por completo a La Renga: había tenido una banda tributo y eran las canciones con las que se sentía más familiarizado.
Al principio, además de cantar, había que trasladar todo. Guitarra, amplificador y pie de micrófono viajaban con él porque todavía no tenía dónde dejarlos. Con el tiempo llegaron la confianza, las amistades y la posibilidad de guardar sus cosas en Lomas.
“Arranqué así, de esa manera. Después me gustó y sigo todavía”, resumió.
Actualmente vive en Monte Grande, cerca de la estación, desde donde viaja en tren para llegar a la peatonal. Aunque probó tocar en otros lugares, en Lomas encontró algo que va más allá de un espacio de trabajo.
“Tengo mis amistades, los locales también me conocen, la gente ya me conoce”, explicó. Esa familiaridad lo hace sentirse cómodo y también le permite compartir momentos con amigos después de terminar de cantar.
Reconoce que, como en cualquier trabajo, hay días de cansancio. Cuando puede reunir algo de dinero, se toma un descanso. Sin embargo, la posibilidad de dejar la peatonal no aparece como una decisión sencilla.
“Para mí es como una terapia ir a Lomas”, contó. Y agregó: “No sé si lo dejaría en algún momento, porque realmente me gusta. Me distrae, me despeja bastante”.
Cantar en la calle significa encontrarse con un público que cambia todo el tiempo. Están quienes lo reconocen de pasar seguido y quienes lo escuchan por primera vez, quizá mientras hacen una compra o caminan hacia la estación.
Entre las experiencias que recuerda, aparecen personas que se detienen y se emocionan con alguna canción.
“Me pasa de gente que se larga a llorar a veces”, relató. Otros se acercan para decirle “me emocioné con lo que estabas cantando” o “me alegraste el día”.
También hay situaciones incómodas, como personas que intentan agarrarle el micrófono. “Tenés de todo”, comentó entre risas sobre las distintas escenas que le tocó atravesar trabajando en la calle.
Después de años cantando frente a quienes pasan por la peatonal, Jonathan llevó su música a otro escenario: el programa “Bienvenidos a ganar”, de Canal 9.
Aunque formó su primera banda a los once años y tiene experiencia tocando en bares y escenarios, el debut televisivo le generó nervios inesperados. “Hasta las piernas se me bloquearon”, recordó. Las luces, las cámaras y el jurado hicieron que aquella presentación fuera muy distinta de su trabajo cotidiano en Laprida.
Una de sus preocupaciones era recibir una crítica dura frente a las cámaras. Finalmente, según contó, recibió una muy buena devolución y pudo disfrutarlo: “La pasé rebién”. Al momento de la entrevista ya había asistido unas cuatro veces y tenía previsto regresar para otra grabación.
La elección de las canciones también tuvo sus desafíos. La producción le pidió una lista de diez temas para seleccionar dos: “Me eligieron las dos que menos quería, en realidad”, contó entre risas. En sus actuaciones interpretó “Fulano de nadie” y “El rock del gato”.
Su paso por televisión también le abrió nuevas puertas: comenzaron a invitarlo a más programas de streaming y otros espacios para compartir su música.
Si La Renga estuvo en el origen de su historia en Laprida, años después la banda volvió a cruzarse en su camino de una manera especial.
Jonathan contó que estaba cantando durante la época de la pandemia cuando reconoció a Manu, el saxofonista de La Renga, que pasaba por el lugar. Lo saludó, conversaron y quedaron en contacto. Tiempo después se animó a invitarlo a participar en una canción propia y el músico aceptó.
“Tengo un tema grabado con él”, contó con entusiasmo. Para quien había salido a tocar para juntar plata y ver a esa misma banda, la colaboración tuvo un significado especial.
Entre los encuentros que le regaló la peatonal también recordó a Jorge “Locomotora” Castro. Jonathan ya estaba guardando sus equipos cuando se acercó el boxeador. Hablaron brevemente y aprovecharon para sacarse una foto. “Muy copado, muy humilde”, lo describió.
Su relación con los instrumentos comenzó mucho antes de llegar a Laprida. A los seis años empezó con la batería, que era lo que más le gustaba. A los ocho le regalaron una guitarra criolla y comenzó a cantar.
Con el tiempo se concentró en la guitarra y la voz, mientras la batería quedó en segundo plano.
Además de sus presentaciones en la peatonal, Jonatan trabaja en su banda, Los Nietos de Dante, que se puede encontrar en Instagram como @losnietosdedante.oficial. Su recorrido también lo llevó a participar del programa Bienvenidos a ganar, en Canal 9.
Pero Laprida sigue teniendo un lugar propio en su historia. Allí encontró una forma de vivir de la música y construyó vínculos que lo siguen haciendo volver. Todo empezó con las ganas de ir a un recital; más de doce años después, es él quien hace que otros se detengan a escuchar.

