Miguel Dobarro es un instructor con larga trayectoria en la actividad y ahora abrió una escuela en Monte Grande. Apuestan a un deporte que requiere calma y concentración.
Apuntar al blanco, controlar los movimientos y lanzar una flecha con la mayor precisión posible. La arquería es una disciplina deportiva poco convencional que exige coordinación psicomotriz, técnica y concentración. Lejos de la imagen que muestran las películas, donde los protagonistas aciertan con facilidad, el tiro con arco requiere aprendizaje y práctica para lograr buenos resultados.
“Hay que sacarle un poco el preconcepto que trae de las películas, porque uno cree que en una película revoleás y va siempre al centro”, explicó Miguel Dobarro, de 54 años, quien practica arquería desde hace alrededor de tres décadas y se dedica a enseñarla desde hace 13 años.
“Lo bueno es que es todo técnica, así que no hace falta ser Robin Hood. Les enseñamos cómo hacer que la flecha llegue al centro y cuáles son los errores, como para que cada uno vaya corrigiendo”, señaló el instructor.
Dobarro comenzó a practicar este deporte a los 25 años, aunque asegura que le interesaba desde la infancia. “Siempre me gustó, es una actividad que me gustó desde chiquito. Nunca imaginé que iba a poner una escuela”, recordó.
Hace 13 años fundó ONA Sur, una escuela de arquería que comenzó en Remedios de Escalada y luego se expandió a otras localidades. Desde el año pasado también funciona en Monte Grande, en el club La Manzana, ubicado en Ramón Santamarina 1326, cerca del barrio Coca-Cola.
Las primeras prácticas se realizan a seis metros del blanco, una distancia que permite aprender los movimientos y corregir errores. Con el tiempo, los alumnos pueden avanzar hacia objetivos más alejados y prepararse para participar en competencias.
“Hay gente que viene, la pasa bien, se divierte, viene, toma mate, tira flechas y después se va a su casa”, contó Dobarro. Otros, en cambio, entrenan varias veces por semana para competir.
La actividad también se destaca por sus posibilidades de inclusión. Puede practicarse desde los 8 años y no tiene un límite máximo de edad. “Tenemos gente de entre 60 y 70 años practicando”, explicó.
Dobarro reconoce que sostener una escuela de arquería requiere infraestructura y equipamiento, pero logró convertir su afición en su ocupación exclusiva. “Jamás imaginé que me iba a dedicar solamente a esto”, expresó el instructor, que continúa trabajando para acercar el tiro con arco a nuevos practicantes.

