Norma, vecina de Temperley, acompaña a su nieta adolescente mientras sus padres viajan por trabajo. Lidia, de Monte Grande, cria a dos de sus nietos desde pequeños.
Después de criar a sus hijos Lucas y Cintia, Norma Jerez volvió a organizar sus días alrededor de la crianza, esta vez junto a su nieta Abigail, de 14 años. La vecina de Temperley tiene cinco nietos y, mientras los padres de la adolescente viajan por trabajo, se ocupa de acompañarla en sus actividades cotidianas, desde llevarla al colegio hasta estar pendiente de cómo le va en la escuela.
La presencia de sus nietos siempre fue una constante en la vida de Norma. Todos pasaron tiempo en su casa y todavía la visitan con frecuencia. Sin embargo, la convivencia actual con Abigail implica una dinámica particular: volver a sostener rutinas, acompañar el crecimiento de una adolescente y establecer límites, aunque desde un lugar diferente al que ocupó cuando sus propios hijos eran chicos.
“La crianza de los padres es la de educarlos, enseñarles, como yo los enseñé a ellos. Lo de los abuelos es distinto porque, por ejemplo, yo les doy todos los gustos”, le contó a El Diario Sur.
Esa complicidad convive con las responsabilidades. Norma se encarga de los traslados al colegio y de acompañar a Abigail a sus actividades extracurriculares. Mientras tanto, sus padres llaman todos los días para saber cómo está y cómo marcha su desempeño escolar.
A sus 67 años, la abuela reconoce que las diferencias generacionales aparecen en la convivencia. Hay costumbres adolescentes que no comparte, pero prefiere resolver los desacuerdos mediante el diálogo. Cuando algo le parece fuera de lugar, espera a que Abigail regrese a casa y conversa con ella para explicarle qué considera que debe cambiar. “Me dijo: ‘Bueno, perdoná, abuela, no lo hago más’. Y al otro día, es empezar todo de nuevo”, relató entre risas.
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Norma sabe que acompañar a una adolescente requiere paciencia y que los límites forman parte del cuidado. Su experiencia como madre le aporta herramientas, aunque reconoce que el vínculo con los nietos tiene sus propias particularidades.
Más allá de las tareas cotidianas, disfruta de mantener la cercanía con los cinco. Le encantan los mensajes que recibe por las mañanas, cuando le cuentan que llegaron al trabajo o a la facultad. “Siempre me dijeron ‘abuelita’ desde chiquitos y hasta el día de hoy lo siguen haciendo”, contó.
Norma y su nieta Abigail.
Lidia Beatriz Castañeira tiene 68 años, vive en Monte Grande y construyó gran parte de su vida alrededor del cuidado de su familia. Madre de dos hijas y abuela de tres nietos, asumió la crianza de dos de ellos cuando todavía eran chicos, en un contexto familiar difícil. Desde entonces, trabajó y organizó sus días con una prioridad: que crecieran acompañados y tuvieran un futuro mejor.
Según contó a El Diario Sur, comenzó a hacerse cargo de sus nietos cuando su hija atravesaba dificultades para sostener la crianza. Después del nacimiento de Martín, el padre de los chicos se alejó y Lidia quedó al frente de sus cuidados. “Yo no hice mi vida, pensaba para ellos, trabajaba para ellos, porque no quería que les pase nada, porque sentía que era mi obligación, porque los veía muy solos”, recordó.
Para sostenerlos, trabajó de lunes a lunes. Fue empleada doméstica, cuidó pacientes y también trabajó en una clínica. El esfuerzo económico estuvo acompañado por la responsabilidad de estar presente durante la infancia de sus nietos, incluso cuando eso significaba postergar sus propios proyectos.
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Con el tiempo, la relación se transformó en un vínculo de compañía mutua. Martín tiene 25 años y busca trabajo, mientras que Tiziana, de 19, estudia y mantiene una relación muy cercana con su abuela. Comparten mates, conversaciones y momentos cotidianos que, para ambas, son parte fundamental de su vínculo.
“Nos llevamos bien, yo siempre la acompaño a tomar mate, somos muy compañeros, charlamos, nos contamos todo, básicamente. Es como mi mejor amiga”, contó Tiziana. También recordó las salidas que compartían cuando era chica: su abuela la llevaba a comer y a pasear, en ocasiones para disfrutar de un momento juntas.
Para Lidia, esos gestos son parte de la crianza que intentó construir. Su deseo es que sus nietos sean buenas personas, solidarias y capaces de salir adelante. Y encuentra motivos para sentirse orgullosa en las pequeñas acciones de Tiziana, como ayudar a una mujer embarazada o a una persona mayor a subir al colectivo.
Lidia y Tiziana.

